jueves, 22 de noviembre de 2007

Se sintió eterna


Vacía.
La lágrima que recorrió su mejilla no era por pena, ya llegaría la pena, era por indignación, frustración, impotencia y en último lugar estupidez. Si se sentía de alguna forma era ridícula, estúpida e incoherente. Una vez más la vida la convertía en bufón, era aquella carente de poder sobre su propio destino que en aquellos momentos tan vívidamente le había sido arrebatado. Alguna vez leyó: "La excusa más cobarde es culpar al destino" y esta vez era cierto. No sabía si otras veces lo era o no, pero esta vez estaba convencida. Por eso se maldijo, por desperdiciar momentos y momentos para verse ahora asolada por el reloj, ese que en su tic tac imperturbable le recordaba a cada instante lo efímero de todo. Y se rio, pero no con una risa tímida sino a carcajada pura esperando que cada nuevo grito le despojará de todo su dolor y el rencor que sentía. Y reía, en un risa amarga que se fue tornando pena y acabo colmándola de lágrimas.
Tanta preocupación por evitarlo y cuando le echó el valor, y la necesidad, para verlo de frente no había nada que afrontar.
Y esta vez no se sintió ridícula, ya no, ahora simplemente sentía pena de sí misma y ¿acaso hay algo peor?.
A lo lejos oía susurros, con voz de ultratumba que le recordaron al poeta y que murmuraban "yerma".

miércoles, 31 de octubre de 2007

Motas de cristal


Marta tenía sus dos mitades repartidas en dos cajones. Dos mitades exactamente iguales salvo queuna no era la suplente de otra, cada mitad tenía cualidades distintas y entre sus dos mitades conseguía tener un cuadro casi perfecto.
El problema era que no podía tener sus dos mitades en el mismo sitio y a la misma vez, con lo cual siempre sentía que le faltaba su mitad, en el momento que tenía una mitad se sentía feliz pero cuando recordaba que le faltaba la otra mitad para tenerlo todo se echaba a llorar. Marta no era una consetidam pero no podía entender, tal vez lo que la atormentaba era su falta de entendimiento, porqué si existían dos mitades que se complementaban a la perfección, no podía ellas unirlas a su antojo con el fin de que todo estuviese perfecto. No era ya por ella, bueno hasta aquí pudo mentirse, en el fondo, muy al fondo, al final a la derecha de su ser, supo que se mentía a sí misma y que, en última instancia, la unica beneficiaria de aquella acción, inconclusa por aquel entonces, era ella.
Un día su capricho la atormentó en forma de obsesión obligándola a esconderse por la humillación y a coger sus dos mitades y unirlas sobre su mesa. En una décima de segundo ambas empezaron a temblar, a repelerse poco a poco pero con firmeza hasta que en un golpe seco se rompieron en mil cachitos de cristal. Los cachitos eran tan pequeños que no pudo reunir ni la mitad y además eran tan sumamente diminutos que aunque los hubiera conseguido reunir uno a uno jamás hubiese encontrado un pegamento tan fuerte como para unir aquellas pequeñas motas de cristal.
Entonces recordó esa frase que aquel día no supo entender: la avaricia lo pierde todo por quererlo tener todo.
Lo triste o feliz de todo aquello es que cuando hubo pasado un tiempo Marta lo reconoció ante Héctor: "Preferí y prefiero perderlo todo a tener que conformarme con la mitad"

lunes, 1 de octubre de 2007

Fighting the storm, into the blue


Lo duro es comprender que ya pueden tratarte como una reina o como la mayor basura del mundo, lo único que queda es saber como te sientes y si, independientemente del trato, no te sientes bien, algo (definitvamente) falla. En ese preciso instante comprendes que parte de la decisión está tomada, que la línea está trazada, que ya no hay marcha atrás, porque en ese mismo instante ya ni tú eres la misma. Eres consciente de que si los demás están tan cerca del cielo y tú te sientes apartada de él un gran detalle falla y entonces, y sólo entonces, todos los "y si" se tornan en "qué más puedo perder" y la tristeza se torna en ira y ese instante te sientes fuerte, aunque sea una milésima de segundo. Esa milésima merece la pena, habrás recuperado tu falsa invulnerabilidad, esa que consigue que no brote ni una sola lágrima, esa que te otorga la efímera seguridad y que te obliga a levantar la cabeza y mirar desafiante a los ojos.

La joven de la perla


"Y es que cuentan" sería una forma de comenzar, podría dramatizar en exceso y que llegaras a odiarme tan sólo por un segundo, pero sé que si estás tumbada junto a mí y te cuento cualquier tontería reirás aunque no tenga la más mínima gracia porque te resulta incontrolabe tu risa. Esa es la risa que a mí más me gusta de tí, la que aparece sin ser esperada, la que no es acto relfejo de un flash, pese a que tengas la envidiable cualidad de conseguir que tus sonrisas posadas muestren la dulzura que hay en tí, en cada uno de tus rizos, de tus ojos y de tus dientes. Y es que esté donde esté el azabache rizado consigue que piense en tí.

domingo, 30 de septiembre de 2007

Susurros


A colación: Nunca se me dio demasiado bien poner las cartas sobre la mesa. Pero quizás por razones distintas de las de la canción. Y es que ella no entiende tantas cosas. No entiende porque se quedó sin lágrimas paseando por Madrid, recorriendo cada una de sus calles sin mirar nada y viendo a la vez la cara de los que se cruzaban con ella y la veían llorar. No entiende porque sólo ella tiene lágrimas, sólo ella no quiere estar con nadie, sólo quiere pasear la soledad que siente, siente que en ese momento nadie más alcanzaría a entender lo que siente, es posible que ella misma no sabe lo que siente. Se sienta en un portal apartado y piensa en el coche que tiene frente a ella. En cómo está ella y cómo estará él, riendo, jugando. Ojalá algo le impactara y le hiciese reaccionar. Ojalá las preocupaciones no fuesen de boquilla.
En esos momentos su cuerpo se divide: la parte que desea que se implique, que reaccione, que tenga emociones ha vuelto a perder para dejar paso a la parte que no desea verle en un tiempo. Ella echó a andar alejándose pero al poco, cuando notó que le echaba de menos, deseaba que su coche apareciera a la vuelta de la esquina. La indiferencia la estaba asfixiando.
Lo que más le costaba entender era por qué si tanto le gustaba su ilusión, si era lo que les complementaba en cierta medida, porque la destrozaba cada vez que le decía que la vida no era una comedia romántica, que lo fuese olvidando. Inocherencias como: no voy a dejarte aquí que es peligroso, pero no me preocupa tanto donde puedas estar ahora. Y sin embargo, ella está tan cansada de justificarle, de poner la sonrisa de boba cuando le dicen que ha cambiado.
Justo cuando llegaba a casa un pensamiento cruzó su mente, suerte que se borró. Pero en el fondo, muy al fondo, siente susurros.

martes, 25 de septiembre de 2007

azulesclaroscasiverdes


Insitía e insitía, no se cansaba de insistir. Sólo ansiaba que le dieran la razón, que una día de buenas a primeras le dijeran: "Sí, tienes los ojos verdes, verdes como el mar que tantas veces se confunde en su azul, verde cielo, verdes como los pitufos, verdes como las sábanas frescas y extendidas azules, verdes como las converses azules, verdes como los poloflanes de agua marina,verdes como las ballenas y los delfines azules, verdes como los tartufos de la plaza nabona, verdes como el blue rives sin alcohol, verdes, verde como los chicles azules de menta (siempre fueron verdes los de clorofila), verdes como las canicas azules, verdes como el logotipo azul de pepsi, verdes como cuando dibujamos estrellas, nubes o burbujas, de ese mismo verde que viasualizamos en nuestro interior y que magicamente aparece en el papel como azul, si te refieres a ese color, ese mismo color, sí, tienes los ojos verdes, y al máximo que puedes aspirar (siendo una mera copia) es a tener los ojos azulesclaroscasiverdes. Más si para tí es tan importante seré la primera que diga que los tienes verdes y no permitiré a nadie que mienta diciendo que son azules."

lunes, 6 de agosto de 2007

Tras el cristal


Te amaría de forma pasional, mis besos llenarían tu cara y mis caricias tu pelo, tus mejillas y tu espalda, siempre que estuvieras en un escaparate.
Mis palabras siempre serían dulces y cariñosas, evocarían todo lo que hice por tí y todo aquello que dejé pasar por tu bien. La gente hablaría de mi amor incondicional hacia tí, si vivieras en un escaparate.
Te cogería en silencio la mano mirándote de esa forma que te derrite mientras todos y cada uno de ellos nos miran embelesados. Nos envidiarán pero no nos desearían mal, simplemente comentarán lo que ellos darían por tener lo nuestro. Ingenuos como tú, no se darán cuenta de que esto sólo ocurrirá frente a un escaparate.
Más si algún día acudes a buscarme necesitada de un abrazo, palabras de consuelo o en busca de mi mano, no te sorprendas ni decepciones de no hallarla. Sabes que sin un cristal mis caricias no valen nada, mis besos no valen nada, mi apoyo no vale nada.
Si nadie me está observando no esperes de mi cariño alguno, búscalo en otros. Si nadie me está observando todo lo que hallarás en mí sera un mónologo sobre mis penas y calamidades. Sólo esbozaré una sonrisa, y date por afortunada, si en algún momento me halagas. Pero será efímero porque en cuanto recobre la consciencia querré volver a hablar de mí. Tergiversaré mis propias verdades, que serán más mías que nunca. Me convertiré en la mártir que todo el mundo ve en mí. Y actuaré una última vez, será grandioso puesto que reuniré uno a uno a todos mis bufones para interpretar la escena final de mi papel, donde yo seré la protagonista incuestionable en un monólogo que ya quisiera Mario.

domingo, 5 de agosto de 2007

La historia de mi F


Su colección tan amada aquel día le pasaba factura. En un movimiento irreparable había derramado su adorada arena de Sitges sobre el teclado del ordenador. Apartó la mayor parte de ella con bruscos movimientos y golpes propiciados al teclado, apagó a pantalla y se fue. Cuando volvió a casa no pudo suponer el estropicio que había ocasionado. Encendió a pantalla y abrió un nuevo mail. Sonrió por su contenido y se dispuso a dar réplica a aquellas preguntas que tan retóricamente buscaban respuesta.

A medida que iba clavando sus dedos en cada una de las teclas quedaban sumergidas para no resurgir ya más. Ese fue el comienzo, tras ello la torre comenzó a emitir un pitido que la ponía aún más nerviosa, supuso que todo aquello iba a explotar así que lo apagó de golpe. Intentó sacar una a una las teclas pero craso error, con las uñas postizas que se había colocado para la ocasión no conseguió moverlas en absoluto. Buscó desesperada un destornillador de esos planos, recordó haberlo visto la última vez en una caja oxidada de la terraza. Con él pudo sacarlas una a una, si bien tardó un buen rato, para descubrir que quizás la arena era la gota que colmaba el vaso, pero jamás pudo imaginar todo lo que se acumulaba allí abajo.

Sin lugar a dudas la arena había sido el desencadenante de todo aquello aunque también estuviera encaminado desde un principio a aquel final tan dramático. Se afanó en limpiarlo todo, en intentar dejarlo como nuevo, como al principio, desde cero, sin darse cuenta de que aquello ya no era posible, había heridas que habían dejado cicatrices imborrables. Fue en aquel momento cuando comprendió que la F nunca volvería a ser la misma, ahora era una desvalida que ante cualquier empujón quedaría sumergida al fondo, castigada hasta que llegara la ayuda del destornillador, comprendió en seguida que odiaría cada palabra que llevara una f, le supondría un esfuerzo doble el poder utilizarla y dejarla cuasi perfecta. Fue consciente de cuán necesaria era esa letra y cuántas palabras la incluían, algunas evocaban cosas que ella siempre había amado y no quería comportarse como una hipócrita o convenida así que probó a mimarla un poco más, y desde su estado sumergido, a rozarla de forma más débil que a las demás para ver si reaccionaba. Se dió cuenta de que así era y que algo que había comenzado un impedimento había acabado siendo una ventaja: las palabras que contenían la f eran más rápidas de escribir puesto que requerían de menos tiempo y esfuerzo.

martes, 24 de julio de 2007

Dos horas


Allí se encontraba colgado. Aún inherte, tras sus 2 horas correspondientes luciría como él sólo sabía. Sería clave de todas las miradas, sería centro de atención. Esa era la parte que más miedo le daba, la parte en la que deseaba huir a Las Vegas o a Vermont y hacerlo a escondidas. Ella y él, siendo ella y él y no ellos. Un miedo asaltó su mente: ¿y si no se presenta?¿y si se arrepiente y me deja allí plantada? No sería la primera ni la última. Intentó quitarse ese pensamiento de su cabeza.
Colocó los zapatos al lado del vestido, junto al velo prestado, los pendientes regalados y la liga azul. Sólo podía confiar en que no faltara nada. En cinco minutos llegaría la peluquera y la maquilladora, sus padres merodearían por allí. Y en un rato poco más largo tendría que salir de casa. Se acercó a la cocina y se tomó la tercera valeriana del día, ella se sentía igual pero no quería pensar cómo estaría si no se la hubiese tomado. El ramo, faltaba el ramo! Ah, no. Su hermano había ido a por él. Y si él no aparece, simplemente le entra miedo, ese mismo miedo que ella sentía en aquellos momentos. No no puede sentir miedo, nunca me haría eso. No pudo imaginar en las pruebas que la dejarían tan bonita, la peluquera le colocó las últimas flores que engarzaban su pelo. Sencillamente ella, no quería disfrazarse como la mayoría de las novias que había visto. Subió sus medias y se colocó la liga. Liberó uno a uno cada botón. Introdujo primero una pierna y después otra en el vestido y lo subió. Su madre lo abotonó de nuevo. Con los zapatos ya puestos se sentó frente al espejo, le colocaron el velo dejando libre su cara al viento. En ese momento decidió que se le apetecía un paseo con su padre hasta la iglesia, el suntuoso coche podía esperar, el alquiler duraba todo aquel día. Se cogió al brazo de su padre y comenzaron el paseo por las calles del barrio. Sentía ganas de llorar pero se contuvo. Pensó en lo que había costado el maquillaje y se echó a reír. Sentía que su padre la miraba con emoción, no hizo falta hablar durante el camino, sobraban las palabras. La puerta de la iglesia estaba desierta, todos la esperaban dentro. El primer escalón fue el que más le costó, con el miedo implícito de que él no estuviera y que todos sus miedos se hubiesen convertido en realidad. El segundo escalón disipó todas sus dudas cuando vio su cara sonriente al final del pasillo. Sólo en ese instante, en ese preciso momento, comprendió que iba a ser el día más feliz de su vida.

Para D. con todo mi cariño (aunque
nunca llegues a leerlo)

miércoles, 23 de mayo de 2007

Asia


Aún no. Quedaba toda una hora durante la cual tendría que deleitarse con su trabajo. Aquel día su cubículo la agobiaba de sobremanera. Conservaba el miedo, el miedo a parecer ridículo a riesgo de serlo ya. Los planteamientos mentales también cuentan. Se sintió nuevamente patética así como hastiada. Se sentía sola, tristemente sola. Ella era de aquellas que pregonaba al soltería como lo mejor de la vida. Se jactaba de su continua libertad. Llegó un punto en el que sólo se engañaba a sí misma. Se sintió nuevamente ridícula porque esos planteamientos cruzaran de nuevo su mente. Herida, engañada por tanto, incluso por sí misma. Harta estaba de cenar con sus amigos, aquellos que solían acudir a las cenas de dos en dos, y que se empeñaban en decirle que la soltería era lo mejor que no reportaba tantas alegrías como obligaciones, para un segundo después acariciar por debajo de la mesa la rodilla de su acompañante en un gesto de complicidad que sólo ellos creían. Ella que era incoherentemente una romántica empedernida. Una feminista enamoradiza. Ella se veía empujada por sus compañeras pregoneras, candidatas de la hipocresía, a vivir una vida solitaria, sin convicción propia, sino por miedo a traicionarlas. Tarde señoras, el hecho de ser consciente de que realmente era una señora le hizo sentir una punzada de dolor en su estómago. Ya no se sentía ella. Añoraba ser ella. Su carácter se agrió y su humor se quedó hace ya tiempo en el camino de vuelta a casa. Sintió que tenía que venderse parcialmente para no hacerlo totalmente.
Aún sin decisión encendió el ordenador y entró en la página. Titubeante tecleo su nombre, a los pocos segundos se arrepintió y tecleo de nuevo, tendría un alias, sería Asia. Siempre amó ese nombre.

Cada tarde a eso de las siete comprobaba que nadie la mirara, encendía el ordenador y al colocarse su máscara era de nuevo Asia. Le gustaba Asia, era risueña, divertida, alegre, sensual e inteligente, y a juzgar por las numerosas conversaciones, a ellos también les gustaba Asia. A las ocho y media, cuando ya era hora de apagar el ordenador y volver a casa, María aparecía de nuevo.
Todos los días aparecía Asia y rebosaba felicidad, pero le costaba cada vez menos actuar y Asia era cada vez más ella, hasta que Asia consiguió deslizarse a todas las parcelas de su vida. Todavía sin hombres en su vida, alcanzó lo que más añoraba que no era tener a un hombre a su lado sino saber que en el caso de que lo quisiera no le faltarían posibilidades y ese fue el día en el que María y Asia fueron una y decidieron quemar la máscara.

jueves, 17 de mayo de 2007

Ella





Se tambaleaba de una esquina a otra, esta vez no se halló fuerte, pero aún se sentía jóven y como parte de un hechizo ya era bastante. LLevaba su lata en la mano, la raya de su ojo se convirtió en un borrón en su mejilla y la flor alojada en su pelo hace tiempo que se marchitó, o lo hubiera hecho de motu propio, si hubiera dependido de ella y el plástico no se le hubiera adelantado. Más que andar se mecía, se mecía para olvidar la realidad, la vejez que se adentraba como tinta a través de sus manos, trago tras trago se adentraba en su fantasía. Día tras día necesitaba más tragos para evadirse y acudir a ese lugar donde nadie le hacía ruegos ni reproches, donde soledad no era más que un nombre, donde aún era joven y feliz. Hace tiempo que no le rendía cuentas a nadie, hacía tiempo que nadie le reprochaba ni la esperaba en casa angustiado, mirando cómo las manecillas giraban minuto tras minuto pensando en qué mal momento creyó en ella de nuevo y confió en que sería la última vez. La última vez que aparecería borracha, que se habría gastado la paga del mes noche tras noche en el bar.
Ahora se encontraba mucho mejor, ya no se sentía coaccionada, era consecuente con lo que hacía. Quizás consecuente no, nunca sabía dónde podía acabar, más de una vez se sintió asustada por sus contínuas lagunas mentales. Paradójicamente eso ya no resultaba un problema: vivía en una continua laguna mental, una disolución perfecta de sus dos vidas.
Soltó su lata en la acera. Ya eran las ocho de la mañana. Como cualquier mañana se cruzaría con los mismos extraños que la mirarían de la misma forma: Una anciana bebiendo una lata de cerveza a las ocho de la mañana sólo evoca decepción y pena. Comenzaba a salir el sol y a un paso más lento todavía se avecinaba la vida real, esa en la que ella sentía asco por sí misma, pese a no hacerse ya vagas promesas de cambio, esa en la que sentía pena del tiempo malgastado que etiquetaba de robado.
Ya había pasado demasiado tiempo fustigándose, entró en el bar de siempre y compró una lata nueva.

miércoles, 11 de abril de 2007

Pero un día


Se levantó de la cama, una vez más cansado. Ya no era el sueño lo que adornaba su cara sino la monotonía. Un día más de afeitado, vaso de leche y tostadas, coche y para el trabajo. Allí pasaría el tiempo fingiendo interés, deseando que las manecillas pasen más rápido que de costumbre. Ansiando la llegada del café y la hora de comer. Contando las horas, minutos y segundos que aún quedaban para la salida. Comprobando como los últimos minutos triplican su duración. Saliendo de su cubículo. Caminando hacia el coche para anclarse de nuevo en otro día más con su asqueada rutina. Conduce hasta casa para desesperarse a la hora de encontrar aparcamiento. Sube, se ducha, una cena rápida, algún programa corto y un día más que pasa.

Se levantó de la cama, una vez más cansado, pero el trinar de los pájaros, antes imperceptible, le ha hecho sonreír y recordar que está más cerca el verano que nos regala más horas para hacer lo que más ansiamos. Ha decidido no afeitarse, de camino al coche se compra un bollo. Sucumbe ante la idea de coger el autobús, la desesperación por aparcar a su vuelta le previene. Meintras pica le comenta a la conductora: "Creía que los ojos violetas eran privilegio único de Elizabeth Taylor". La conductora le sonríe, hacía tiempo que ninguna chica le sonreía. El autobús le deja algo más lejos del trabajo, pasa por un quiosco y decide comprar un boleto de lotería. ¿Por qué no? Ha decidido que nada le fastidie el día. Hoy no está dispuesto a fingir interés, le pagan lo mismo con o sin interés, decide fingir que trabaja mientras ojea su libro favorito, el periódico y juega al buscaminas. A la hora de comer decide, por primera vez, dejar de ser autista y sentarse junto a un par de chicas de la empresa. Las horas pasan algo menos lentas, lo que nunca implicó rápidas. Esta vez ha decidido volver a casa andando, no tiene nada mejor que hacer y robarle media hora al sueño no le hará mal. Llega a casa y es consciente de que siempre quiso aprender a bailar. Decide que de hoy no pasa, mañana será demasiado tarde, el día de la suerte habrá pasado, la rutina ocupará su lugar y no se atreverá a hacerlo. Al llegar a la academia le comentan que una clase está a punto de empezar, le invitan a pasar, así comprobará si le gusta. Su suerte pasó cuando al llegar comprobó que todo el mundo estaba emparejado y que le tocaría bailar con el profesor. A punto estuvo de irse cuando alguien cruzó la puerta.

- Siento llegar tarde.
- Creía que los ojos violetas eran privilegio único de Elizabeth Taylor

viernes, 23 de marzo de 2007

Por un Chai Tea Latte


Esta vez comenzaba a refrescar.
Por una vez se estuvo quieta con su pelo, no había cortes arriesgados, ni colores imposibles.
El trabajo no le permitía esos lujos.
Habían decidido verse en Madrid, esta vez por cambiar y escapar de todo.
La historia iba cobrando cada vez más fuerza, aunque a veces se preguntaba hacia dónde iría, pero en cuanto veía su sonrisa aparecer tras cualquier esquina, olvidaba su pregunta.
El autobús se había retrasado y decidió dar un paseo por Fuencarral, siempre había sido su calle favorita. La llamó para disculparse y acordaron verse en el Starbucks de Gran Vía.
Se sentó en la mesa que daba a la ventana así podría ver a la gente pasar y mirar las tartas que había en el mostrador de su derecha.
Le vió cruzar la calle corriendo y entrar en la cafetería. La vió y se acercó para darle un beso, ella se perdió en su abrazo.
Le preguntó que quería: "un Chai Tea Latte"- dijo ella.
"¿Un qué?"
"Mira allí"
Fue a pedirlo y regreso a la mesa con un capuchino, el té y un muffin de chocolate para cada uno.

"Felicidades" y colocó en la mesa un paquete pequeño. Habían quedado para celebrar su cumpleaños, un poco de retraso no fastidia un plan. Cogió el paquete y vió que tenía una pegatina que ponía " De tu Franktasma particular" no pudo evitar reír. Lo abrió y descubrió las converse que había estado mirando hace media hora en fuencarral. Esas que él insitió tanto en que eran una pérdida de dinero y era mejor no comprarlas, dentro había un peluche, era muy chiquitito y tenía una cremallera en la barriga: "Vamos! Abrélo!" lo abrió y encontró un anillo con forma de estrella. Había sido el mejor regalo de ese año, aunque cualquier cosa que le hubiera regalado se hubiera convertido en el regalo estrella. Puso el peluche en la mesa, se puso las converse y el anillo en un dedo, quedaba perfecto.

Durante la siguiente media hora mantuvo un monólogo sobre cómo fue su exposición de tesis, no podía creérselo: ya era doctora. Él apenas le hacía caso, de vez en cuando sonreía y asentía. Pero en verdad miraba sus ojos, su sonrisa, la pasión con la que hablaba, su sonrisa, cómo movía las manos para explicarlo todo, su sonrisa, cómo se calentaba sus manos con la taza, su sonrisa, sus manos, su sonrisa, sus pies, su sonrisa, cómo se colocaba el flequillo, su sonrisa, sus dedos, su sonrisa, su dedo,...

No tardó en decirle lo que envidiaba esa ciudad por tener un Starbucks en cada esquina, también le odiaba a él por tener varios en su ciudad. Le comentó que en un ataque de desesperación había consultado su página web, por si había algún proyecto en Málaga, y que había descubierto que había seis Málagas en EEUU que ya contaban con uno, su indignación creció. Pero a fin de cuentas: "Starbucks nos alimenta y nos ilustra por un módico precio"- añadió sonriendo.

Su sonrisa, su dedo, su dedo.

"Eso tendría fácil solución, si te casaras conmigo siempre podrías ir al del centro."
"Sí, se lo explicaría a mi madre, mamá me caso por un Chai Tea Latte cada día"- bromeó.
"Si te sigues riendo, no podré pedírtelo formalmente"

Su cara cambió, se había prometido que nunca sucedería así pero ya era tarde, una lágrima recorría su rostro.

[Porque todas nos merecemos que nos hagan al menos una vez esa pregunta, independientemente de nuestra respuesta]

jueves, 8 de marzo de 2007

Fix you up...


- ¿La punta de los zapatos mojados?
- Si, ya sabes. Todo va bien, el resto del pie está bien o al menos no está mojado. Pero no puedes dejar de pensar que los dedos tienen que estar arrugados como pasas porque el madito zapato te ha calado sólo por la punta. Y para colmo de males te queda mucho tiempo para llegar a casa... En verdad no es más que una tontería pero te amarga.
- Pasas demasiado tiempo pensando...Esta tarde he dado un paseo. Quizás necesites uno, uno bien largo. Ponte música, desconecta. A veces me resguardo en mis gafas, sabes que no soporto mirar a los ojos, y no me vengas con el cuento de siempre, que no se puede confiar en quién no te mira a los ojos, existe una excusa que se llama timidez. El caso es que tengo mis gafas y te detienes a mirar a la gente, me gusta pensar a dónde irán, qué harán, si alguien les esperará, si algún día de casualidad los conocerás. Me apasiona la casualidad. ¿Recuerdas la vez que escribí una frase en un libro para ver si la casualidad hacía que lo encontraras?
- ¿Sabes las probabilidades que hay?
- Pues el caso es que cuando vas paseando y empiezas a sentir ese calor que aún no ahoga, que te permite llevar algo de abrigo pero no pasar frío. Cuando sientes ese aire fresco que te roza la cara y has sido lo suficientemente lista para llevar coleta y descubres a la gente que no lo ha sido y se pelea con el viento en una batalla perdida de antemano. Cuando sientes la suela de tus pies amortiguada por el asfalto y miras a aquellas que van peripuestas en sus tacones. Cuando vas mirando los tejados de tu ciudad como si estuvieras en el barrio más remoto de Roma. Cuando paras en la tienda de una esquina para comprar algo de comer y la señora con ese dulce acento argentino te dice que es nieta de malagueños y cómo extraña su país. Cuando disfrutas del centro sin bullas, con el reloj parado en las siete y a falta de gente todo está para tí. Cuando te sientas en el suelo de la libreria a ojear historias (y no lo cambiarias nunca por un sillón). Cuando llevas mucho tiempo buscando un regalo y lo descubres justo en frente de tí. Cuando de camino a casa ves a una amiga enseñándole la casa de Picasso a un grupo de poco más de un metro que van de excursión. Cuando vas por la calle y alguien te sonríe porque sí. Entonces, cuando has pasado por todo eso, se borran automaticamente todos los días con las puntas mojadas...

miércoles, 7 de marzo de 2007

Pero no se perdió


Se detuvo en sus ojos
esos que tantas veces le mostraron el bien y el mal
pero no se perdió en sus ojos

Se detuvo en su sonrisa
esa que tantas veces le había mostrado el lado dulce de la vida
pero no se perdió en su sonrisa

Se detuvo en su pelo
ese que enmarañó su vida
pero no se perdió en su pelo

Se detuvo en su voz
la que tantas veces le salpicó de vida
pero no se perdió en su voz

Se detuvo en su olor
el que le traicionaba constantemente aunque se encontrara a kilómetros de distancia
pero no se perdió en su olor

Se detuvo en sus manos
y se perdió en ellas

lunes, 5 de marzo de 2007

Se sintió ganar


Y colgó. Casí rompió el teléfono con ese golpe tan seco. Se acercó a la ventana del salón, quiso abrirla de un nuevo golpe y chillar, que le miraran daba igual: un loco más en el barrio no destaca demasiado. Suerte que vivía lejos, suerte que no la tenía cerca: la hubiera ahogado con sus propias manos. Cogió un cigarro, buscó el mechero. Fantástico, lo único que le faltaba era no encontrar el mechero, más cabreado aún se fue al lavadero a por las cerillas con las que encendía el butano. No había nadie más en casa a quién venderle su mal humor. No creía que nadie de buena gana entrase de todas formas en el trueque. Una vez en la terraza encendió el cigarro y miró la playa. Siempre quiso tener una casa en primera línea de playa porque se sentaría allí a pasar las horas leyendo con el olor a mar, solo cuando se cansara de oler horizonte se acercaría a él para darse un paseo por su arena. Pero nunca tenía tiempo. Recordaba cuando era un niño y vivía a muchas más líneas de distancia del mar, se sentaba en la terraza: su mesa y su silla de plástico de jardín, pese a no tenerlo, y se pasaba horas escribiendo, dibujando, buscando el olor de algo inalcanzable. Decidió amortizar su casa, salir a pegarse un paseo por la playa. Dejó atrás la farola y se encaminó hacia la arena. La playa estaba prácticamente desierta. No era un día de playa. No era un mes de playa. Antes era lo que solía disfrutar más, la playa desierta, la envidia de los coches que desearían estar en la playa y no de vuelta del trabajo.

Era una estúpida, cómo podía tener esa capacidad de echar cosas a la cara de esa forma. Una egoísta y una desconsiderada. Siempre había sido así, siempre lo intuyó, pero ahora lo sabía con toda la certeza posible.

Siguió caminando y se acercó a la araña de cuerdas donde jugaban los niños. Una imagen se visualizó en sus ojos para borrarse en una lágrima: ella haciendo el idiota bocabajo cuando llevaban un par de meses. Igualmente era una guarra. Nunca se podía discutir con ella, siempre tenía que llevar la razón. Llegó hasta un montículo y se sentó, cuando la arena rozaba sus dedos recordó que ya había estado sentado allí. No fue ayer, ni el mes pasado. Aún eran amigos pero él ya sentía lo que poco después se atrevió a decir. Ella le había llamado media hora antes desde una cabina a su casa, llevaba un mes de peleas continuas en su casa y no podía más, se verían en la Plaza de toros. Cuando la encontró comenzaron a andar en dirección a la playa, cuando llevaban un rato andando se sentaron, no habían hablado en todo el camino y una vez allí le preguntó: "¿Qué tal?", ella dejó de mirarle para perderse en el azul de sus ojos. Sólo conseguía decir palabras a medias, su respiración entrecortaba cada una de ellas, él la abrazó, sólo quería sacarla de allí, que no tuviera que llorar nunca más. No quería recordar aquello, no quería verse débil entonces, no quería que le flaquearan las piernas al pensar que ella no estaba sentada junto a él. Se levantó y siguió caminando prometiéndose una vez más odiarla eternamente.

Siguió andando, se puso a pensar en lo que haría cuando llegase el verano. Se le acababa el chollo, tendría que empezar a trabajar. Pero también quería hacer todo lo que con ella no había tenido oportunidad de hacer. Todas las limitaciones estaban caducadas. Era un acierto. La mejor decisión que había tomado en su vida. Cuando llevaba un buen rato se sentó en los bancos rojos del final de la playa. Y perdió la mirada para no obligarse a recordar. Se sentía verdaderamente cabreado con ella. Se había dado cuenta de que se conoce realmente a las personas a través de la última conversación que tienen: donde se dicen lo que realmente sienten, lo que realmente son, cuando se insultan y se alegran de que todo acabe, todos los sentimientos escondidos por humillación florecen de nuevo, más fuertes si caben y eres capaz de decir lo que nunca pudiste.

Sintió rabia contenida. Sintió que aún quedaban cosas por decirle, él también podía echarle cosas a la cara: sabía jugar a ser renconroso. Echó a correr calle arriba, dejando la playa atrás. Echó a correr buscando una moneda. Marcó su número, ella descolgó. Se sintió ganar y le dijo: "Lo siento, te quiero".

jueves, 8 de febrero de 2007

Simplemente


Asegura que el potencial está ahí en el fondo y que raras veces sube a la superficie pero cuando lo hace deslumbra y es parte de su encanto que se valora más a fondo. Asegura que no pasó miedo, que lo ha superado que el temblar quedó en el pasado, pero los susurros se acumulan a su espalda creándole una mochila que cada día pesa más, ella asegura que es fuerte, que aguantará pero lo demás lo dudan. Hubo un tiempo en que creyó que de ahí provenía su fuerza: en el reto de defraudar a los demás, hoy no la encuentra. Como el día en que metes la cabeza por la manga del jersey, pretendes que entre hasta que eres consciente de que te has equivocado. Pero ella no cedió, no se había equivocado el jersey, indudablemente su cabeza creció en una tarde. Y es que si es negro dice blanco y si es blano dice gris. Nunca reitera lo dicho por miedo al fracaso, nunca reitera lo dicho por miedo a mentir. A veces confunde el cielo con el mar, pero sólo a veces. A veces confunde el amor con la amistad, sólo a veces. A veces cree que el mundo es un pañuelo y se frusta su intento de perderse en él. Odia las rocas que hay en su camino, intenta moverlas pero se vuelve a caer. Cuando el sendero está vacío se permite el lujo de llorar en él. No comparte su mirada con nadie por miedo a compartir su alma. No confiará en tí, ni en mí hasta que nos haya perdido. Te malinterpretará intencionadamente si con ello no se siente vulnerable. Te amará a escondidas y a pleno sol. Escribirá tu nombre en la arena. Finjirá que no le gusta estar contigo. Te preguntará lo que no quieres oír, no te responderá lo que esperas. Rehuirá tu mirada cuando la busques, cuando la encuentres te mirará. Nunca se dará por satisfecha, nunca será suficiente. Se enamorará de tí pero no le bastarás. Lo querrá todo hasta que no tenga nada. Será una gran mujer a la que le guste sentirse pequeña junto a tí. Se atormentará por lo que no dijiste, te atormentará por que lo pretendiste. Jurará olvidarte y no podrá. El tiempo pasará por ella aunque en su mente sigáis igual. Olvidará su falsa rebeldía y se acomodará. Y se quedará allí, recluida en un rincón, absorta por sus libros y sus fantasías. Sus falsas mentiras que la convierten en realidad. Sus expectativas inesperadas, sus razonamientos a deshoras. Su lógica irracional de aplastante veracidad.

Esa es ella.

Cuando es ella no es buena ni mala.

Es simplemente ella.

Se pierde en ella.

[Es mi intento de canalizar, hoy sin razón alguna]

miércoles, 7 de febrero de 2007

No eras tú


No está bien, creían que era una tontería pero parece ser que no es así.

Varios días desde esa llamada y hoy armada con todo el valor que creo necesitar voy a verte. Entro a hurtadillas esperando encontrar tu cara sonriendo algún comentario sobre el último mail que me has mandado. Sólo veo a un viejo. Un viejo con una bombona de oxígeno, está dogrado, no habla y muy enfermo. Yo me preguntó dónde te has podido meter. Te imagino paseando con tu gorra y tu "bastón alcanzo todo" por el pasillo del hospital, porque esta claro que ese no eres tú. No sé quién es, no tengo el gusto, ni lo quiero tener. Pasée por el pasillo una y otra vez. "ha visto ustad a un calvito en silla de ruedas con un bastón con pinzas". En sus caras leo el "No", el "Busca en la habitación 7. Hace unos días entró alguien así pero no sabemos donde está". Vuelvo a entrar en la habitación. Insisten en que eres tú, pero sé que no es así. No nos comprenden, no saben que tú y yo sabemos que no. Soy tu preferida es algo que queda entre tú y yo, no lo entenderían. Bromeabas con que era tu favorita cuando fui la única. Recuerdo que una vez te dije que aquello no tenía mérito, si no había nadie más, quién podía ser la otra preferida. Cuando hubo más prometiste que siempre lo sería, le sacas 18 años de ventaja, siempre fusite tú. Mis ojos parecen comprender lo que mi corazón no puede. Quizás seas tú disfrazado de alguien. ¿Por qué querrías disfrazarte? Me voy, lo único que no quiero es que ella se hunda. Al reconocer mis ojos lo que yo no quiero se me saltan las lágrimas pero las concenzo para que esperen hasta salir de casa. Los ojos se me inundan una y otra vez, parece no tener fin. Me pierdo en un abrazo entre millones de lágrimas, un abrazo que quiero que dure siempre, hasta que aquel viejo se quite el disfraz. Como siempre me mata la incertisumbre, ese miedo que hace temblar todo tu cuerpo. Hace unos días me dijeron que te estás apagando poco a poco, no pronuncian las palabras pero sé que están ahí, me regalan eufemismos, no puedo odiarlos más, diles que paren. Diles que sólo quiero la verdad, es lo mínimo, que me la den. Esa noche busco desesperada cualquier risa fácil que me haga olvidar y cuadno lo consigo mi mente vuelve a tí y se siente más culpable por sonreir en un momento así. Ayer te ví. Dicen que estás algo mejor o al menos no estás peor. La tristeza y el cansancio inundan tu cara. Yo también pasé por eso, sólo quieres dormir. Dormir y que todo pase. Yo quiero que duermas y que todo llegue. Que llegue el momento en que te quites el disfraz. Me reto a mí misma, al destino o a quién quiera decidir. Si llueve es que saldrá bien, pero en el fondo no quiero saber si va a llover, porque si llueve seré inmensamente feliz pero si no llueve no sé que haría. A veces rezo, supongo que me odiará por acordarme de él sólo cuando me conviene. Le dije: "Estoy rezando", me preguntó : "¿Te sirve?", "Sí" fue mi respuesta, "Entonces bien" y sonrió. Mañana iré a verte. Hazme otra promesa, será la última vez: Prométete que no llevarás el disfraz puesto en mucho tiempo.

jueves, 4 de enero de 2007

Y yo pensaba...

Y no sólo eso, también afirmaba, que las bailarinas andan de puntillas porque quieren alcanzar el cielo, que los carteles de "se vende, razón aquí" sólo pretenden saciar la curiosidad de algunos, tantas cosas...
No sé si quiero tener los ojos abiertos...ahora veo cosas que antes no veía, pero adoraba esa tierna ceguera...
Creía que si lo deseaba muy fuerte ellos (que tan apunto están de llegar) me traerían lo que más ansiaba, que si colocaba un diente bajo mi almohada Pérez me dejaría algún detalle, pensaba que el tiburón pintado en el fondo de la piscina infantil no era sólo un dibujo, que si me tapaba los ojos con mis manos tú no me verías jugando al escondite (el don de la invisibilidad), que si me colocaba el babi normal era Ken, pero si o colocaba a modo de capa podía ser superman, que una hormiga te podía subir a la pierna y llegar hasta tu estómago, que si una sábana me tapaba todo el cuerpo no había nada que temer por la noche, que la oscuridad es el hogar de los monstruos,...
Bendita ceguera...