
Su colección tan amada aquel día le pasaba factura. En un movimiento irreparable había derramado su adorada arena de Sitges sobre el teclado del ordenador. Apartó la mayor parte de ella con bruscos movimientos y golpes propiciados al teclado, apagó a pantalla y se fue. Cuando volvió a casa no pudo suponer el estropicio que había ocasionado. Encendió a pantalla y abrió un nuevo mail. Sonrió por su contenido y se dispuso a dar réplica a aquellas preguntas que tan retóricamente buscaban respuesta.
A medida que iba clavando sus dedos en cada una de las teclas quedaban sumergidas para no resurgir ya más. Ese fue el comienzo, tras ello la torre comenzó a emitir un pitido que la ponía aún más nerviosa, supuso que todo aquello iba a explotar así que lo apagó de golpe. Intentó sacar una a una las teclas pero craso error, con las uñas postizas que se había colocado para la ocasión no conseguió moverlas en absoluto. Buscó desesperada un destornillador de esos planos, recordó haberlo visto la última vez en una caja oxidada de la terraza. Con él pudo sacarlas una a una, si bien tardó un buen rato, para descubrir que quizás la arena era la gota que colmaba el vaso, pero jamás pudo imaginar todo lo que se acumulaba allí abajo.
Sin lugar a dudas la arena había sido el desencadenante de todo aquello aunque también estuviera encaminado desde un principio a aquel final tan dramático. Se afanó en limpiarlo todo, en intentar dejarlo como nuevo, como al principio, desde cero, sin darse cuenta de que aquello ya no era posible, había heridas que habían dejado cicatrices imborrables. Fue en aquel momento cuando comprendió que la F nunca volvería a ser la misma, ahora era una desvalida que ante cualquier empujón quedaría sumergida al fondo, castigada hasta que llegara la ayuda del destornillador, comprendió en seguida que odiaría cada palabra que llevara una f, le supondría un esfuerzo doble el poder utilizarla y dejarla cuasi perfecta. Fue consciente de cuán necesaria era esa letra y cuántas palabras la incluían, algunas evocaban cosas que ella siempre había amado y no quería comportarse como una hipócrita o convenida así que probó a mimarla un poco más, y desde su estado sumergido, a rozarla de forma más débil que a las demás para ver si reaccionaba. Se dió cuenta de que así era y que algo que había comenzado un impedimento había acabado siendo una ventaja: las palabras que contenían la f eran más rápidas de escribir puesto que requerían de menos tiempo y esfuerzo.
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