Incoherente será a fin de cuenta mi respuesta...independientemente de cuál sea tu pregunta. Si me preguntas si quise diré: "qué calor para ser enero", si me preguntas en qué pienso, mentiré como tantas veces, y te diré "que en nada". Entonces te acercarás más y me preguntarás "que cómo es posible, que en algo tengo que estar pensando" y por miedo te diré que no, que es una facultad que nunca comprenderías que roza con un poder paranormal. Ya no te echarás a reír, recuerdo cuando lo hacías al principio, todo lo que yo dijera estaba bien, supongo que es el encanto de los comienzos, yo no tenía defectos, tú sigues sin tenerlos, me gusta estar ciego, supongo. Antes eras tú quién me buscabas a todas horas, ahora soy yo el que tiene que encontrarte entre tus numerosos escondites.
Llámalos como quieras, pero sabes que lo son. Ayer cuando ví a Marta, no me creí lo que me dijo. Cuando digo ayer soy el único que me lo creo, pero es tan raro pensar que hace ya seis meses de aquello. Reuerdo que se acercó, toda empapada, cómo llovía aquel 5 de agosto, quién nos iba decir que necesitaría un paraguas para escudarme de sus palabras. Recuerdo que cuando me llamó para quedar pensé: "Marta se ha enamorado de mí o se ha peleado con ella". ¡Qué caprichosa era Marta!. Supongo que lo seguirá siendo. ¡Qué facil dar un mensaje de despedida de otra persona cuando intrinsecamente esconde tu propia despedida. En cierto modo fue un desahogo para ella, de nuevo podría disponer 24 horas de tí y además se quitaba al pelmazo aquel de encima. Pero el caso es que no la vi contenta. He sido cruel, quizás no es tan secncillo o lo hizo más complicado de lo que en realidad era. Recuerdo que durante las siguientes horas que pasé postrado en aquel banco sólo pude pensar que me estaba mintiendo. ¡Qué mentirosa egoísta!. Necesito llamarla para que sepa lo que está ocurriendo. Supongo que debí darme cuenta a la quinta vez que te llamé en los siguientes días y tu hermano no paraba decirme que lo sentía pero que no estabas.
En otros me hubiera parecido patético pero en mí mismo, no señor, aquello era romántico. Esperarte sentado en aquel banco todos los martes a las 18,00 como solía hacer cuando salías de tus clases de inglés. Todos los martes allí plantado. Ahora me alegro de que la gente que me veía allí sólo no tuviese la costumbre de ir cada martes a las 18.00 sino se hubiera tornado de solitario en patético.
Sólo lamento que esto no ocurriera así.
Y que fuera yo la que estuvo allí sentada. Martes tras martes. Marta tras Marta.Hasta que no quedaron más Martas a las que recurrir. Y tuve que esperarme lo inesperado. Y creer lo increíble.
A fin de cuentas soy yo la que sigue sentada en ese banco.
