lunes, 6 de agosto de 2007

Tras el cristal


Te amaría de forma pasional, mis besos llenarían tu cara y mis caricias tu pelo, tus mejillas y tu espalda, siempre que estuvieras en un escaparate.
Mis palabras siempre serían dulces y cariñosas, evocarían todo lo que hice por tí y todo aquello que dejé pasar por tu bien. La gente hablaría de mi amor incondicional hacia tí, si vivieras en un escaparate.
Te cogería en silencio la mano mirándote de esa forma que te derrite mientras todos y cada uno de ellos nos miran embelesados. Nos envidiarán pero no nos desearían mal, simplemente comentarán lo que ellos darían por tener lo nuestro. Ingenuos como tú, no se darán cuenta de que esto sólo ocurrirá frente a un escaparate.
Más si algún día acudes a buscarme necesitada de un abrazo, palabras de consuelo o en busca de mi mano, no te sorprendas ni decepciones de no hallarla. Sabes que sin un cristal mis caricias no valen nada, mis besos no valen nada, mi apoyo no vale nada.
Si nadie me está observando no esperes de mi cariño alguno, búscalo en otros. Si nadie me está observando todo lo que hallarás en mí sera un mónologo sobre mis penas y calamidades. Sólo esbozaré una sonrisa, y date por afortunada, si en algún momento me halagas. Pero será efímero porque en cuanto recobre la consciencia querré volver a hablar de mí. Tergiversaré mis propias verdades, que serán más mías que nunca. Me convertiré en la mártir que todo el mundo ve en mí. Y actuaré una última vez, será grandioso puesto que reuniré uno a uno a todos mis bufones para interpretar la escena final de mi papel, donde yo seré la protagonista incuestionable en un monólogo que ya quisiera Mario.

domingo, 5 de agosto de 2007

La historia de mi F


Su colección tan amada aquel día le pasaba factura. En un movimiento irreparable había derramado su adorada arena de Sitges sobre el teclado del ordenador. Apartó la mayor parte de ella con bruscos movimientos y golpes propiciados al teclado, apagó a pantalla y se fue. Cuando volvió a casa no pudo suponer el estropicio que había ocasionado. Encendió a pantalla y abrió un nuevo mail. Sonrió por su contenido y se dispuso a dar réplica a aquellas preguntas que tan retóricamente buscaban respuesta.

A medida que iba clavando sus dedos en cada una de las teclas quedaban sumergidas para no resurgir ya más. Ese fue el comienzo, tras ello la torre comenzó a emitir un pitido que la ponía aún más nerviosa, supuso que todo aquello iba a explotar así que lo apagó de golpe. Intentó sacar una a una las teclas pero craso error, con las uñas postizas que se había colocado para la ocasión no conseguió moverlas en absoluto. Buscó desesperada un destornillador de esos planos, recordó haberlo visto la última vez en una caja oxidada de la terraza. Con él pudo sacarlas una a una, si bien tardó un buen rato, para descubrir que quizás la arena era la gota que colmaba el vaso, pero jamás pudo imaginar todo lo que se acumulaba allí abajo.

Sin lugar a dudas la arena había sido el desencadenante de todo aquello aunque también estuviera encaminado desde un principio a aquel final tan dramático. Se afanó en limpiarlo todo, en intentar dejarlo como nuevo, como al principio, desde cero, sin darse cuenta de que aquello ya no era posible, había heridas que habían dejado cicatrices imborrables. Fue en aquel momento cuando comprendió que la F nunca volvería a ser la misma, ahora era una desvalida que ante cualquier empujón quedaría sumergida al fondo, castigada hasta que llegara la ayuda del destornillador, comprendió en seguida que odiaría cada palabra que llevara una f, le supondría un esfuerzo doble el poder utilizarla y dejarla cuasi perfecta. Fue consciente de cuán necesaria era esa letra y cuántas palabras la incluían, algunas evocaban cosas que ella siempre había amado y no quería comportarse como una hipócrita o convenida así que probó a mimarla un poco más, y desde su estado sumergido, a rozarla de forma más débil que a las demás para ver si reaccionaba. Se dió cuenta de que así era y que algo que había comenzado un impedimento había acabado siendo una ventaja: las palabras que contenían la f eran más rápidas de escribir puesto que requerían de menos tiempo y esfuerzo.