viernes, 26 de diciembre de 2008

25


Simplemente acumulaba días dejando que se llenaran las hojas de todos sus calendarios. Los vivía sí, pero inconscientemente sólo deseaba que uno alcanzara al siguiente para ver por fin superada su maldición.


Al principio recordaba día a día. Se comparaba y se dañaba con las edades malditas. Algunas desde aquel momento por siempre superadas. Pero otras martilleaban su cabeza y se grababan en ella: 16, 21 y 24. Cuando superara los 24 todo haría pasado pero hasta entonces el miedo se hacía patente en malos días y horas bajas. Miedo no compartido por no hundir a nadie más, su amenaza era unicamente suya.


Cuando hubo cumplido los 16 sólo había alcanzado uno de los primeros escalones. Con 21 todo se hallaba más cerca pero aún así no del todo lejano. Y para cuando cumplió los 24 ya había olvidado todos sus pensamientos macabros.


No fue hasta una tarde en la que se secaba el pelo, y quizás su alma, cuando se dio cuenta de lo mal planteado que había estado todo el asunto. La maldición no consistía en trece años de incertidumbres desquebrajadas al cumplir los 24, la verdadera maldición comenzaba ahora: una vez pasados todos aquellos años y asegurados a su manera, en ese mismo instante comenzaba la verdadera incertidumbre, y el cuándo y el cómo que atenazaban su mente.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Y nada más


Primero sientes pena, una pena que te inunda de arriba a abajo y que te hace olvidar cómo respirar. Te dicen que respires y no sabes bien cómo, pero piensas que en el fondo tienes que estar haciéndolo porque sigues vivo, requieren respiración consciente y lenta.
Pasan los minutos, incluso las horas y aunque la pena sigue latente en mayor medida es la ira lo que se va a poderando de tí y eres consciente de que eso no tiene porqué pasarte a tí, y te sientes en la parte baja de la balanza, no te dejan subir al otro plato, ese que está arriba y parece tan tranquilo. Entonces experimentas ganas de llorar con ganas de pegar, aunque suelen ganar las de llorar.
Y llegará un momento en que no te queden lágrimas para llorar y en el que en el fondo digas: " y qué más da", autoengañándote como de costumbre, pero en ese preciso instante sentirás un remanso de paz.
Maldices los recuerdos que se clavan como cuchillos y agradeces inmensamente los brazos que te sacan de todo lo demás.
Aunque sabes que tras fingir estar dormida tendrás que volver a verle.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Cosa de dos...


Simplemente sabes lo que sientes
y sé que sientes lo que te quiero
así que dejemos entre tú y yo
TODO lo que me haces sentir

sábado, 29 de marzo de 2008

Personas y personas


Hay personas y personas. Personas que cuando se enfadan contigo hacen ver el motivo de su enfado, con más o menos pasión, enumerándote las causas que lo provocaron a fin de hacerte ver que debes mejorar o cambiar tu actitud. Hay personas que se enfadarán, sin motivo y decidirán pagarlo contigo, sin culpa. Personas que conseguirás que te sientas como el peor ser del mundo sin ni siquiera haber hecho nada. Personas que volcarán la rabia y la ira acumulada de días y la desfogarán en tí, como si fueras una jarra, intentando hacerte añicos. Personas que sabes que si brota una lágrima se jactarán satisfactoriamente, se sentirán César. Veni, vidi, vici. Y saldrá de su boca la risa maliciosa como la de las brujas malas de los cuentos. Aún no entiendo bien porqué pero hay personas que cuando se enfadan sólo quieran hacer daño. Aún no entiendo bien porqué pagan sus frsutaciones pasadas con gente que supuestamente les importa. Lo que sí sé, es que a veces son personas malas y otras veces no lo son. He decidido que las que son malas no las quiero en mi vida pero las que tienen este momento de locura transitoria no las puedo eliminar de mi vida. Puedo huir por el hueco para tranchetes de debajo de la puerta y volver más tarde, cuando la tempestad se haya calmado y cuando vuelvas a ser bueno. Mientras, no me llames.

domingo, 23 de marzo de 2008


No pienses. No pienses. No pienses. Guárdate estos cinco minutos para tí. Reservado. No permitas que interfiera en estos cinco minutos. Quítate su gomina, su segundero y sus cordones. Deshazte la corbata, ya decidirás más tarde cómo te gusta definitivamente hacerte el nudo. Tres minutos. No te quites lo que no desees por despecho. Túmbate en la cama y recuerda que volvió a ser amplia. Dos minutos. No pienses. No pienses. No pienses. Reaproprópiate de tus gustos. No se trata de compartir. Un minuto. Tienes que ser egoísta por una vez. El pack se rompió. Pensar un poquito más en tí. No pienses. No pienses. No pienses. Hacía tiempo que no recordabas cinco minutos enteramente tuyos. Pensabas que sería imposible. Te guardaste todos los "y si" en el bolsillo y cerraste la cremallera. Ahora sólo tendrás que conseguir que esos cinco minutos se tornen en diez, en horas completas, en siestas, en comidas, en noches, en tardes y mañanas, conseguir que duren venticuatro horas, que sean semanas y después fines de semanas, conseguir arrancar un mes del calendario, conseguir olvidar su cumpleaños, su santo, vuestra primera vez, el aniversario. Hasta que un día escuchar su nombre en cualquier calle no te erice la piel. Pero ahora concéntrate, sólo necesitas reservar para tí diez minutos. No pienses. No pienses. No pienses.

martes, 18 de marzo de 2008

Aros


Se peinó el pelo, que aún goteaba tras la larga ducha en la que había exfoliado parte de sus pensamientos. Pensaba que las lágrimas se fundían con el contínuo goteo de la ducha. Rodeó su cuerpo con la toalla, mientras quitaba el vaho del espejo.
Pensó en aquello que acababa de ver el la televisión, las alianzas eran un símbolo de unión en una pareja desde que los antiguos egipcios las usaban ya que su forma circular simbolizaba la eternidad por no tener principio ni fin, posteriormente los griegos desde el siglo III a.c. lo utilizaban en el dedo anular al considerar que la vena de dicho dedo llega directa al corazón y por ello estaba en contacto con los sentimientos.
Eternos sentimientos de la pareja.
Vio su cara hinchada y la sintió ardiendo.
Se sentó en la cama dispuesta a deshojar.
Lo primero que deshojó fueron todos y cada uno de los mensajes, cartas y felicitaciones navideñas. Deshojó las fotos de los marcos y las colocó en un baúl.
Deshojó su música y sus libros.
Deshojó los besos y los abrazos.
Deshojó el jersey dado de sí y viejo que guardaba en aquel cajón, el olor le evocaba demasiados recuerdos.
Deshojó los apelativos cariñosos.
Deshojó las caricias y los cuerpos desnudos bajo una sábana.
Deshojó su complicidad y sus miradas.
Deshojó su antaña ilusión.
Deshojó los toques y las llamadas.
Deshojó su futuro y pasado juntos.

Seguía sentada en su cama. Intentó sacarlo aunque no lo consiguió. Fue al baño y probó con jabón, tras un pequeño esfuerzo salió.

Volvió a la cama. Abrió el cajón de la mesilla y lo guardó.

lunes, 17 de marzo de 2008

Paint it


Se dio cuenta. Afortunadamente pronto, contaba con tiempo de reacción. Subió el volumen. Le ayudaba a concetrarse mejor en lo que debía hacer. La música y sus pensamientos conseguían mezclarse en una nueva y mejorada versión. Maybe then I'll fade away and not have to face the facts. It's not easy facin' up when your whole world is black. El negro lo añadió ella, todo estaba perfectamente en su color y se dedicó a ensuciarlo hasta convertirlo en negro, en un negro desagradable y fétido. Sus opiniones generadas a través de prejuicios gratuitos volcaron las opiniones de los demás sobre sí misma convirtiéndola en su propio foco de atención. Esto la hizo estar cada vez más y más nerviosa pero a la vez más y más sumisa. Y como una pesadilla esto generaba nuevos prejuicios que acaban golpeándola contra los muros. Hasta que decidió devolverle a todo su color original.

lunes, 10 de marzo de 2008

Esta que ya no fue


Escribiría su propia lista de los deseos. Y sería tan ridícula, tan ridícula que ella sola la vería. Y sería tan ridícula tan ridícula que justo al acabar de escribirla la destruiría.
Desearía que una sola vez le hubiera insinuado que le hacía ilusión tener esa clase de vínculo con ella, incluyendo toda la parafernalia que consideraba innecesaria. Desearía que bromeando e comentara que nunca descubriría el cómo ni el dónde hasta el justo momento en que descubriera su sonrisa final. Desearía recibir una sonrisa ante aquel apelativo cariñoso en lugar del bufido con el que solía desencadenar su respuesta. Desearía que lo que tanto amó no pretendiera hundirlo en el fondo del mar. Desearía que no intentaran convertirla en otra. Desearía que ese que giraba la esquina fuese el suyo y se prometía una y otro vez que sería la última vez que se pararía a contar hasta diez, si bien pudo agruparlos en diez montoncitos idénticos. Desearía esa cosa estúpida y extraordinaria rozando lo cursi. Desearía un nuevo comienzo.
Entonces se miró de nuevo los zapatos y recordó que las listas de los deseos no tienen sentido. Las lámapras y los genios se extinguieron hace ya tiempo. El frío de la noche helaba sus pensamientos y los convertía uno a uno en cristal haciendo que cobrase sentido la idea de realizarlos antes de que quedasen reducidos a simples mijitas de algo que en su momento fue lo más sólido que concibió.
Así que sintiéndose estúpida decidió que desearía no ser tan estúpida, no ser tan irracional, tan infantil y desmesurada, tan ilusa y melodramática. Desearía no esperar anda.

Y así sin esperar ni desear, sin ilusionarse ni sucumbir, se volvió nuevamente en un último intento de descubrir a aquel coche. Y al vovlerse de nuevo se encontró frente a frente con su nuevo yo.