
Esta vez comenzaba a refrescar.
Por una vez se estuvo quieta con su pelo, no había cortes arriesgados, ni colores imposibles.
El trabajo no le permitía esos lujos.
Habían decidido verse en Madrid, esta vez por cambiar y escapar de todo.
La historia iba cobrando cada vez más fuerza, aunque a veces se preguntaba hacia dónde iría, pero en cuanto veía su sonrisa aparecer tras cualquier esquina, olvidaba su pregunta.
El autobús se había retrasado y decidió dar un paseo por Fuencarral, siempre había sido su calle favorita. La llamó para disculparse y acordaron verse en el Starbucks de Gran Vía.
Se sentó en la mesa que daba a la ventana así podría ver a la gente pasar y mirar las tartas que había en el mostrador de su derecha.
Le vió cruzar la calle corriendo y entrar en la cafetería. La vió y se acercó para darle un beso, ella se perdió en su abrazo.
Le preguntó que quería: "un Chai Tea Latte"- dijo ella.
"¿Un qué?"
"Mira allí"
Fue a pedirlo y regreso a la mesa con un capuchino, el té y un muffin de chocolate para cada uno.
"Felicidades" y colocó en la mesa un paquete pequeño. Habían quedado para celebrar su cumpleaños, un poco de retraso no fastidia un plan. Cogió el paquete y vió que tenía una pegatina que ponía " De tu Franktasma particular" no pudo evitar reír. Lo abrió y descubrió las converse que había estado mirando hace media hora en fuencarral. Esas que él insitió tanto en que eran una pérdida de dinero y era mejor no comprarlas, dentro había un peluche, era muy chiquitito y tenía una cremallera en la barriga: "Vamos! Abrélo!" lo abrió y encontró un anillo con forma de estrella. Había sido el mejor regalo de ese año, aunque cualquier cosa que le hubiera regalado se hubiera convertido en el regalo estrella. Puso el peluche en la mesa, se puso las converse y el anillo en un dedo, quedaba perfecto.
Durante la siguiente media hora mantuvo un monólogo sobre cómo fue su exposición de tesis, no podía creérselo: ya era doctora. Él apenas le hacía caso, de vez en cuando sonreía y asentía. Pero en verdad miraba sus ojos, su sonrisa, la pasión con la que hablaba, su sonrisa, cómo movía las manos para explicarlo todo, su sonrisa, cómo se calentaba sus manos con la taza, su sonrisa, sus manos, su sonrisa, sus pies, su sonrisa, cómo se colocaba el flequillo, su sonrisa, sus dedos, su sonrisa, su dedo,...
No tardó en decirle lo que envidiaba esa ciudad por tener un Starbucks en cada esquina, también le odiaba a él por tener varios en su ciudad. Le comentó que en un ataque de desesperación había consultado su página web, por si había algún proyecto en Málaga, y que había descubierto que había seis Málagas en EEUU que ya contaban con uno, su indignación creció. Pero a fin de cuentas: "Starbucks nos alimenta y nos ilustra por un módico precio"- añadió sonriendo.
Su sonrisa, su dedo, su dedo.
"Eso tendría fácil solución, si te casaras conmigo siempre podrías ir al del centro."
"Sí, se lo explicaría a mi madre, mamá me caso por un Chai Tea Latte cada día"- bromeó.
"Si te sigues riendo, no podré pedírtelo formalmente"
Su cara cambió, se había prometido que nunca sucedería así pero ya era tarde, una lágrima recorría su rostro.
[Porque todas nos merecemos que nos hagan al menos una vez esa pregunta, independientemente de nuestra respuesta]


