
- ¿La punta de los zapatos mojados?
- Si, ya sabes. Todo va bien, el resto del pie está bien o al menos no está mojado. Pero no puedes dejar de pensar que los dedos tienen que estar arrugados como pasas porque el madito zapato te ha calado sólo por la punta. Y para colmo de males te queda mucho tiempo para llegar a casa... En verdad no es más que una tontería pero te amarga.
- Pasas demasiado tiempo pensando...Esta tarde he dado un paseo. Quizás necesites uno, uno bien largo. Ponte música, desconecta. A veces me resguardo en mis gafas, sabes que no soporto mirar a los ojos, y no me vengas con el cuento de siempre, que no se puede confiar en quién no te mira a los ojos, existe una excusa que se llama timidez. El caso es que tengo mis gafas y te detienes a mirar a la gente, me gusta pensar a dónde irán, qué harán, si alguien les esperará, si algún día de casualidad los conocerás. Me apasiona la casualidad. ¿Recuerdas la vez que escribí una frase en un libro para ver si la casualidad hacía que lo encontraras?
- ¿Sabes las probabilidades que hay?
- Pues el caso es que cuando vas paseando y empiezas a sentir ese calor que aún no ahoga, que te permite llevar algo de abrigo pero no pasar frío. Cuando sientes ese aire fresco que te roza la cara y has sido lo suficientemente lista para llevar coleta y descubres a la gente que no lo ha sido y se pelea con el viento en una batalla perdida de antemano. Cuando sientes la suela de tus pies amortiguada por el asfalto y miras a aquellas que van peripuestas en sus tacones. Cuando vas mirando los tejados de tu ciudad como si estuvieras en el barrio más remoto de Roma. Cuando paras en la tienda de una esquina para comprar algo de comer y la señora con ese dulce acento argentino te dice que es nieta de malagueños y cómo extraña su país. Cuando disfrutas del centro sin bullas, con el reloj parado en las siete y a falta de gente todo está para tí. Cuando te sientas en el suelo de la libreria a ojear historias (y no lo cambiarias nunca por un sillón). Cuando llevas mucho tiempo buscando un regalo y lo descubres justo en frente de tí. Cuando de camino a casa ves a una amiga enseñándole la casa de Picasso a un grupo de poco más de un metro que van de excursión. Cuando vas por la calle y alguien te sonríe porque sí. Entonces, cuando has pasado por todo eso, se borran automaticamente todos los días con las puntas mojadas...
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