lunes, 6 de agosto de 2007

Tras el cristal


Te amaría de forma pasional, mis besos llenarían tu cara y mis caricias tu pelo, tus mejillas y tu espalda, siempre que estuvieras en un escaparate.
Mis palabras siempre serían dulces y cariñosas, evocarían todo lo que hice por tí y todo aquello que dejé pasar por tu bien. La gente hablaría de mi amor incondicional hacia tí, si vivieras en un escaparate.
Te cogería en silencio la mano mirándote de esa forma que te derrite mientras todos y cada uno de ellos nos miran embelesados. Nos envidiarán pero no nos desearían mal, simplemente comentarán lo que ellos darían por tener lo nuestro. Ingenuos como tú, no se darán cuenta de que esto sólo ocurrirá frente a un escaparate.
Más si algún día acudes a buscarme necesitada de un abrazo, palabras de consuelo o en busca de mi mano, no te sorprendas ni decepciones de no hallarla. Sabes que sin un cristal mis caricias no valen nada, mis besos no valen nada, mi apoyo no vale nada.
Si nadie me está observando no esperes de mi cariño alguno, búscalo en otros. Si nadie me está observando todo lo que hallarás en mí sera un mónologo sobre mis penas y calamidades. Sólo esbozaré una sonrisa, y date por afortunada, si en algún momento me halagas. Pero será efímero porque en cuanto recobre la consciencia querré volver a hablar de mí. Tergiversaré mis propias verdades, que serán más mías que nunca. Me convertiré en la mártir que todo el mundo ve en mí. Y actuaré una última vez, será grandioso puesto que reuniré uno a uno a todos mis bufones para interpretar la escena final de mi papel, donde yo seré la protagonista incuestionable en un monólogo que ya quisiera Mario.

No hay comentarios: