miércoles, 11 de abril de 2007

Pero un día


Se levantó de la cama, una vez más cansado. Ya no era el sueño lo que adornaba su cara sino la monotonía. Un día más de afeitado, vaso de leche y tostadas, coche y para el trabajo. Allí pasaría el tiempo fingiendo interés, deseando que las manecillas pasen más rápido que de costumbre. Ansiando la llegada del café y la hora de comer. Contando las horas, minutos y segundos que aún quedaban para la salida. Comprobando como los últimos minutos triplican su duración. Saliendo de su cubículo. Caminando hacia el coche para anclarse de nuevo en otro día más con su asqueada rutina. Conduce hasta casa para desesperarse a la hora de encontrar aparcamiento. Sube, se ducha, una cena rápida, algún programa corto y un día más que pasa.

Se levantó de la cama, una vez más cansado, pero el trinar de los pájaros, antes imperceptible, le ha hecho sonreír y recordar que está más cerca el verano que nos regala más horas para hacer lo que más ansiamos. Ha decidido no afeitarse, de camino al coche se compra un bollo. Sucumbe ante la idea de coger el autobús, la desesperación por aparcar a su vuelta le previene. Meintras pica le comenta a la conductora: "Creía que los ojos violetas eran privilegio único de Elizabeth Taylor". La conductora le sonríe, hacía tiempo que ninguna chica le sonreía. El autobús le deja algo más lejos del trabajo, pasa por un quiosco y decide comprar un boleto de lotería. ¿Por qué no? Ha decidido que nada le fastidie el día. Hoy no está dispuesto a fingir interés, le pagan lo mismo con o sin interés, decide fingir que trabaja mientras ojea su libro favorito, el periódico y juega al buscaminas. A la hora de comer decide, por primera vez, dejar de ser autista y sentarse junto a un par de chicas de la empresa. Las horas pasan algo menos lentas, lo que nunca implicó rápidas. Esta vez ha decidido volver a casa andando, no tiene nada mejor que hacer y robarle media hora al sueño no le hará mal. Llega a casa y es consciente de que siempre quiso aprender a bailar. Decide que de hoy no pasa, mañana será demasiado tarde, el día de la suerte habrá pasado, la rutina ocupará su lugar y no se atreverá a hacerlo. Al llegar a la academia le comentan que una clase está a punto de empezar, le invitan a pasar, así comprobará si le gusta. Su suerte pasó cuando al llegar comprobó que todo el mundo estaba emparejado y que le tocaría bailar con el profesor. A punto estuvo de irse cuando alguien cruzó la puerta.

- Siento llegar tarde.
- Creía que los ojos violetas eran privilegio único de Elizabeth Taylor

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