
Lo duro es comprender que ya pueden tratarte como una reina o como la mayor basura del mundo, lo único que queda es saber como te sientes y si, independientemente del trato, no te sientes bien, algo (definitvamente) falla. En ese preciso instante comprendes que parte de la decisión está tomada, que la línea está trazada, que ya no hay marcha atrás, porque en ese mismo instante ya ni tú eres la misma. Eres consciente de que si los demás están tan cerca del cielo y tú te sientes apartada de él un gran detalle falla y entonces, y sólo entonces, todos los "y si" se tornan en "qué más puedo perder" y la tristeza se torna en ira y ese instante te sientes fuerte, aunque sea una milésima de segundo. Esa milésima merece la pena, habrás recuperado tu falsa invulnerabilidad, esa que consigue que no brote ni una sola lágrima, esa que te otorga la efímera seguridad y que te obliga a levantar la cabeza y mirar desafiante a los ojos.
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