
Cogiste un cigarrillo y decidiste apartarme de todas tus fotos, quemando en cada una mi cara para dejar de ser tu amiga y convertirme en ese ser insignificante cuya faz invisible una vez te presentó a alguien, una vez te enjugó las lágrimas cuando tus ojos se cansaron de sostenerlas por si solos, una vez te hizo reír, una vez te prometió que estaría en todo momento.
"Para siempre" es eterno mientras dura.
Decidiste que nuestra historia había sido bonita y por tanto debía ser corta. Decidiste no aburrir al público con una monótona amistad. Decidiste ponerle fin así como decidiste no hacérmelo saber.
Y yo, yo fui de aquellas locas que miran las hojas del calendario diciendo: "anda ocupado" o "mañana llamará". De esas locas que disculpan tus olvidos y disfrazan tus despistes. Aquellas locas que sólo se engañan a sí mismas, hasta que deciden que el cuento se acabó: y es que tu punto y seguido no vale más que mi punto final.
Y llegó mi punto final desde aquella esquina asomando indeciso para, en el último momento, lanzarse decididamente y decirte que habías conseguido aquello que tras meses habías intentado: "Engatusarme para que creyera que lo acababa yo" cuando tú, mucho tiempo atrás, ya lo habías dado por concluido.
Pero este punto y final ahora quiere ser valiente y decir todo lo que callaste por miedo, por no ser un buen amigo, por no ser si quiera un hombre.
Tras meses de tus incoherencias y mis dudas al respecto vengo a decir: "Simplemente no mereces la pena".
No hay comentarios:
Publicar un comentario